sábado, 1 de octubre de 2011

VULNERABILIDAD ECONOMICA (ARTICULO)

Vulnerabilidad económica


Económicamente la clase media chilena es frágil. Al estar todavía en una etapa de “aperarse”, como dice Marta Lagos, es un grupo que no tiene un piso económico firme para enfrentar épocas turbulentas. “No tiene capital, recién está empezando a acumular bienes. Eso se vio en la crisis del año 98, donde varios ejecutivos que perdieron el trabajo tuvieron que vender sus autos y cambiar de casa”, explica Lagos. “Es por eso que el desarrollo económico y la estabilidad son muy importantes. Una crisis económica con altos niveles de desempleo son absolutamente letales para la clase media”, agrega Méndez.
“Mientras estaba la Concertación, existía la idea de que la democracia estaba en construcción, pero una vez que se instaló un gobierno de centroderecha se produce un cambio en la mentalidad en que la gente dice ‘ahora me toca a mí’, y por eso sale a la calle”, asegura Marta Lagos, directora de la consultora Mori.


Este fenómeno también tiene que ver con la idiosincrasia del chileno. Junto al crecimiento explosivo antes de la última crisis económica, empezaron a llegar a Chile los bienes de superlujo. De un día para otro, marcas de autos que antes sólo se veían por televisión empezaron a llegar a Santiago. Pero a diferencia de otros países más desarrollados, quienes los conducen no tienen un capital que se condice al valor de esos autos. “Y de la misma manera en que la clase alta se está soltando las trenzas, también lo hacen las más bajas. Se compran autos o bienes que no pueden sostener. Eso tiene que ver con ascensión social, con estatus. Nos estamos comportando como si tuviéramos más capital, y en eso consiste la fragilidad de nuestro sistema. Nos agrandamos, la gente quiere crecer más rápido de lo que sube el piso”, dice la directora de Mori.
Esta sensación de inestabilidad se vio reflejada en la última encuesta CEP, en donde el 33% de los encuestados declaró que el estado actual de la economía es malo o muy malo, alcanzando el mismo nivel de agosto de 2009, en plena crisis económica. Esto tiene que ver con el nivel de desaprobación del equipo económico del gobierno, que llegó al 53%.

Pero las cifras macroeconómicas muestran lo contrario. El Imacec de julio fue de 6,1% –8,1% el primer semestre–, mientras que el desempleo en el trimestre abril-junio se mantuvo en 7,2%. “Las cifras de actividad económica desde el segundo semestre hasta ahora son espectaculares, con un crecimiento que no se veía hace mucho tiempo. Lo que sí ha pasado, es que dentro de ese crecimiento, la clase media ha crecido menos”, dice Cecilia Cifuentes, economista de Libertad y Desarrollo. De hecho, estudios del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile muestran que el crecimiento de los ingresos laborales en la clase alta del Gran Santiago ha subido un 27%, mientras que esa cifra en la clase media llega a 0,4 y 0,8% en los estratos más bajos. Con el empleo sucede lo mismo. Las clases bajas han visto un aumento del 5,6%; la alta un 5,7% y la clase media ha disminuido un 0,4%, demostrando que a pesar de las buenas cifras macroeconómicas, este sector se ha estancado.

Aunque no todo es pesimismo. Según un estudio hecho por el economista de la Universidad Católica Claudio Sapelli los ingresos entre los jóvenes de 25 a 34 años son más equitativos que el de las personas que están más cerca de la jubilación. “Eso tiene que ver con el hecho de que hay un millón de personas en la educación superior, lo que es bastante esperanzador”, añade la economista de Libertad y Desarrollo. “Pero lo interesante es que en los tres estratos la gente siente que su situación es mejor que la del país. Eso tiene que ver con el difícil clima político que se ha visto en el último tiempo”, agrega.

¿Entonces a qué se debe este descontento generalizado? “Los números muestran que el país está mejor que hace dos años, entonces este descontento creo que tiene que ver con que la gente quiere una mejoría más rápida que la economía es capaz de dar”, explica la economista.

Para Marta Lagos también tiene que ver con el cambio de la coalición de gobierno. “Mientras estaba la Concertación, existía la idea de que la democracia estaba en construcción, pero una vez que se instaló un gobierno de centroderecha se produce un cambio en la mentalidad en que la gente dice ‘ahora me toca a mí’, y por eso sale a la calle. Los problemas que se están planteando hoy en la calle no son de pobreza extrema, son problemas propios de la clase media. ¿Por qué la gente demanda esto?, porque resulta que el país se la puede. Esto es producto del éxito. Las revoluciones suceden cuando hay algo que repartir. Resulta que ahora tenemos fiesta de primer nivel y la gente quiere participar de esa fiesta. Cuando llegas a cierto nivel de desarrollo tienes que repartir esos frutos, y este país no los reparte. Este no es un problema de modelo, es un problema de participación, es un problema de inclusión y exclusión”, explica Lagos. “Esto tiene que ver con la desigualdad y los distintos ritmos con que los grupos están creciendo, una desigualdad que hasta hace poco tiempo era tolerada, pero no con estos niveles de desarrollo. Tiene que ver con los abusos de algunas empresas, con las prácticas contra la libre competencia, con el trato poco respetuoso a los consumidores. Y estos fenómenos se van a intensificar porque cada vez tenemos una clase media más educada e informada. La rigurosidad y exigencia frente a las instituciones va a ser cada vez más fuerte”, agrega Méndez. “Lo que va a pasar de aquí al futuro es un levantamiento tras otro, porque se acabó el recreo y la gente ya no está dispuesta a esperar un minuto más, todos quieren un pedazo de la torta. Ya no se trata de que el hijo estudie, sino que sus estudios sean competitivos. Cuando le das democracia a la gente y le dices que tienen derechos, después te los cobran”, complementa la directora de Mori.

Con esta misma lógica también se puede explicar las marchas contra HidroAysén. Más que un tema medioambiental, ese fenómeno tiene que ver con “un proyecto que se instala por la concupiscencia del poder. Está la idea de que se hizo sin preguntarle a la gente, tiene una ilegitimidad de origen, en la forma”, afirma Lagos.

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